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Persona sonriente con paisaje costero y cielo nublado.

Viajar sola: la creencia que tuve que romper

Durante mucho tiempo pensé que viajar era algo que se hacía acompañado.

Con amigos, en pareja, con familia.

Y si nadie podía ir… quizás ese viaje tendría que esperar.

Hasta que empecé a hacerme una pregunta diferente:

¿Y si no necesito esperar a que alguien quiera lo mismo que yo para hacerlo?

Viajar sola no significó dejar de tener miedo.

Incluso cuando ya me había animado a mudarme sola a una nueva ciudad, sentía que viajar sola era algo totalmente distinto.

La primera vez hubo dudas.

¿Me sentiré sola? ¿Será seguro? ¿Disfrutaré realmente si no tengo con quién compartirlo?

Pero ocurrió algo que no esperaba.

Empecé a descubrir que viajar sola también era una forma de conocerme.

Elegir dónde parar.

Cambiar de plan porque sí.

Sentarme a tomar un café sin tener que llenar el silencio.

Caminar durante horas.

Preguntarme qué quería hacer yo, sin negociar la respuesta con nadie.

Y poco a poco entendí que la confianza no siempre aparece antes  de hacer algo.

Muchas veces aparece después.

Después de tomar ese avión.

Después de hacer ese camino.

Después de sentarme sola en aquel restaurante que al principio me daba tanta vergüenza.

Quizás romper la creencia de “yo no puedo viajar sola” no empieza con un gran viaje al otro lado del mundo.

Puede empezar con algo mucho más pequeño.

Una excursión.

Un fin de semana.

Una noche fuera.

Lo suficiente para descubrir:

“Ah… también puedo hacer esto.”

Hoy viajar sola no significa que quiera estar siempre sola.

Significa algo diferente:

que no necesito esperar a que alguien más esté disponible para empezar a vivir las experiencias que quiero vivir.

Y quizás de eso se trate la confianza: no de dejar de sentir miedo, sino de comprobar, experiencia tras experiencia, que podemos confiar un poquito más en nosotros mismos.

Con el tiempo, viajar sola también se convirtió para mí en una especie de reset. 

Cada viaje es un nuevo comienzo. Una oportunidad para conocerme un poco más, probar cosas nuevas, escucharme y salir de la rutina.

Cuando estoy lejos de mi vida cotidiana, muchas veces aparecen preguntas que en el día a día quedan escondidas entre horarios, obligaciones y cosas por hacer.

¿Qué quiero ahora?
¿Qué quiero cambiar?
¿Qué quiero conservar?
¿Hacia dónde quiero ir?

Y entonces viajar se convierte también en una especie de chequeo de mi propia vida.

A veces vuelvo con una decisión. Otras, con un nuevo objetivo. Y otras simplemente con una mirada diferente sobre algo que antes parecía complicado.

Para mí, viajar es salir de mi zona de confort. Pero también es darme permiso para probar una versión diferente de mí misma.

Quizás incluso una versión que ya estaba ahí y que quiero traer un poco más a mi presente.

Y quizás eso es lo que más me gusta de viajar sola: no saber exactamente con qué versión de mí voy a volver.


Gracias por llegar hasta acá y compartir este ratito conmigo. 🤍

Si esta historia te hizo pensar en algo, o simplemente querés saludar, podés escribirme por email o encontrarme en Instagram y LinkedIn. Me encantará leerte.

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